
En Técnicas de terapia familiar, Minuchin y Fishman se describe la “familia acordeón” como aquella estructura familiar que se expande y se contrae en función de la presencia o ausencia de uno de sus miembros clave, generalmente el padre o la madre.
Es una familia que, como el instrumento musical, se estira cuando alguien se va y se comprime cuando regresa.
Desde mi perspectiva, basada en la lectura realizada, esta metáfora no solo es brillante, sino profundamente realista.
En contextos donde uno de los progenitores trabaja fuera por largos períodos lo que se conoce como (migración), servicio militar, transporte, trabajos temporales, la familia se reorganiza constantemente para sobrevivir. Cuando el miembro ausente se va, el sistema se ajusta, lo que lleva a que otro asuma funciones, donde vemos claramente que suele suceder cambios en las jerarquías y se crean nuevos límites.
Pero todo cambia cuando la figura que está fuera regresa, la estructura vuelve a modificarse, generando tensiones inevitables.
Dentro del proceso de investigación pude encontrar que Minuchin plantea que la familia es un sistema con reglas, límites y jerarquías, lo que es muy común y observable es las familia de nuestro entorno, aunque existan cierto caso que rompan las reglas. En la familia acordeón, esos límites tienden a volverse inestables. Esto cambien suelen ser porque por ejemplo el progenitor que permanece en el hogar suele desarrollar mayor autoridad y cercanía con los hijos. Sin embargo, cuando el miembro ausente retorna e intenta reasumir su rol, puede producirse un choque estructural. No es simplemente un conflicto de pareja, sino un desajuste en la organización del sistema.
Quien tenía el poder al regresarse quiere asumir el poder, las reglas y normas que él tenía.
En mi opinión, luego de hacer la investigación y observar algunas situaciones similares, lo más delicado de la familia acordeón no es la ausencia en sí misma, sino la falta de negociación consciente en cada cambio. Es muy notable que los regresos ocurren sin el diálogo ni reajuste progresivo, los hijos pueden experimentar confusión respecto a la autoridad, y la pareja puede entrar en luchas de poder.
La familia no tiene tiempo suficiente para estabilizarse antes de volver a cambiar. Esto cambió generan un desastre que lleva a un desgaste emocional en cada miembro de la familia, pero sobre todo afectando a los más débiles.
Pero en esta familia no todo es negativo, dentro de eso cambios también ocurren cosas, que fortalecen a cada miembro en cierto sentido, donde considero que la familia acordeón puede desarrollar una gran capacidad de resiliencia. La adaptación constante fortalece habilidades como la autonomía, la cooperación y la flexibilidad. Cuando existe comunicación clara y roles definidos, estas familias pueden funcionar de manera saludable, aun dentro de su dinámica variable.
Realmente el problema notable y más grande con esta familia ocurre cuando la expansión y contracción se vuelven caóticas. Dentro de su técnica Minuchin enfatiza que las familias necesitan estructuras claras para que los niños crezcan con seguridad. Si los límites son demasiado rígidos o demasiado difusos, el sistema pierde funcionalidad.
La familia acordeón vive precisamente en ese riesgo permanente de inestabilidad estructural.
La familia acordeón tiene un sinnúmero de factores que pueden actuar de manera positiva pero también en su contra.
En conclusión podemos asegura, que la familia acordeón no es una familia disfuncional por definición. Es una estructura que exige mayor conciencia, comunicación y claridad de roles.
En tiempos donde la migración laboral y las dinámicas económicas obligan a muchas familias a vivir separaciones intermitentes, el concepto sigue siendo totalmente vigente. Creo que más que realizar un enfoque que ataque o juzgue esta forma de organización, debemos comprenderla y acompañarla con herramientas que fortalezcan su estabilidad emocional.







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